EL ZANCUDO Y EL MONTARAZ
Luis, era uno de los montaraces más conocidos del pueblo, apenas llegaba el fin de semana preparaba morrales, escopetas, linternas, curarina, cigarros y muela de lagarto para internarse en el bosque. Luis sabía que en el lugar elegido para su chapana existían muchos zancudos. En efecto, una vez instalado en el lugar, vinieron cientos de zancudos y le dijeron con sus ruidosos y melancólicos sonidos, que abandonara el lugar, porque allí no encontraría ningún otro animal para cazar y que todos los que llegan al lugar se muestran crueles con los zancudos tratándolos como a mala gente. Más Luis, el hombre bueno y generoso, les contestó que no se preocupen, que él, es un hombre trabajador, que no vino a cazar zancudos, porque los zancudos no tienen la carne para el alimento de sus hijos, solamente la sangre que chupan a sus víctimas.
Al oír esto, los zancudos se desaparecieron y empezaron a llegar los sajinos, los venados y los añujes. Los hombres de ahora deben ser trabajadores y responsables, no como los zancudos despreciados y golpeados por todos.
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